El mito del impostor: lo que realmente significa tu autocrítica

Comprendiendo lo que llamas "impostor"

“El mito del impostor: lo que realmente significa tu autocrítica”.

Reconciliándote contigo mismo.

Lo que llamamos "síndrome del impostor" no es un defecto ni una trampa de la mente; es una parte de nosotros que busca protegernos. En lugar de combatirla, podemos aprender a entenderla y transformarla en una aliada. Descubre cómo resignificar esta experiencia y darle un nuevo sentido.

La importancia de cambiarle el nombre: el estigma de llamarlo "impostor"

El llamado "síndrome del impostor" es un término popularizado para describir la sensación de no ser suficientemente competente o de haber alcanzado el éxito por casualidad, en lugar de por nuestras propias habilidades. Sin embargo, este nombre refuerza la idea de que hay una parte de nosotros que es falsa, defectuosa o engañosa. Esto genera un conflicto interno que dificulta la autocomprensión y el desarrollo personal. En lugar de etiquetarlo como "impostor", podemos verlo como una respuesta natural de nuestro sistema de regulación emocional. Es una parte que busca protegernos del fracaso, el rechazo o la vergüenza, aunque lo haga de una manera poco adaptativa. Al cambiar nuestra perspectiva, evitamos autoestigmatizarnos y abrimos la puerta a una relación más compasiva con nosotros mismos.

Lo que desea "el impostor": el valor de esta parte interna

En lugar de ver este fenómeno como un obstáculo, es importante preguntarnos: ¿cuál es la intención positiva detrás de esta sensación de duda y autoexigencia? La parte que llamamos "impostor" en realidad busca asegurarse de que estemos preparados, que cumplamos con ciertos estándares y que no nos expongamos a críticas o fracasos. Esta sensación tiene valor porque nos motiva a mejorar y a no dar por sentado nuestros logros. Sin embargo, cuando esta voz interna se vuelve demasiado crítica o inflexible, puede paralizarnos o generarnos angustia. La clave no es eliminarla, sino entender su función y aprender a regular su influencia en nuestras vidas.

¿Qué necesita esta parte de nosotros? Cómo atenderla de manera saludable

Si esta parte de nosotros está intentando protegernos, lo peor que podemos hacer es luchar contra ella o ignorarla. En su lugar, podemos preguntarnos: ¿qué necesita esta parte para sentirse segura y acompañada? Algunas estrategias incluyen: Escuchar con curiosidad: En lugar de rechazar los pensamientos de duda, podemos preguntarnos qué está tratando de comunicar esta parte. Validar la intención positiva: Reconocer que su función no es hacernos daño, sino protegernos. Darle un nuevo rol: Podemos transformar esta voz crítica en una voz de apoyo, que nos ayude a prepararnos sin paralizarnos.

¿De dónde viene este nombre? Una revisión de su origen

El término "síndrome del impostor" fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, quienes lo identificaron en mujeres de alto rendimiento que sentían que su éxito no era merecido. Con el tiempo, se expandió a diversos grupos y contextos, convirtiéndose en un fenómeno ampliamente discutido en el ámbito psicológico y laboral. Sin embargo, el nombre "impostor" refuerza la idea de que hay algo fraudulento en la persona, en lugar de reconocer que se trata de una respuesta emocional comprensible basada en experiencias tempranas y creencias internalizadas.

Creencias y experiencias tempranas: la construcción de la autoexigencia

La sensación de ser un "impostor" muchas veces se arraiga en creencias formadas durante la infancia. Mensajes como "tienes que ser el mejor", "no cometas errores" o "si fallas, decepcionas a los demás" crean una presión interna que persiste en la adultez. Estas creencias suelen provenir de: Modelos parentales exigentes o críticos. Experiencias de rechazo o crítica en la infancia. Un sistema de comparación constante con otros. Sociedades que sobrevaloran el éxito y minimizan el error. Cuando comprendemos de dónde vienen estas creencias, podemos comenzar a cuestionarlas y reformular nuestra narrativa interna.

¿Qué necesita esta parte de nosotros? Cómo atenderla de manera saludable

Si esta parte de nosotros está intentando protegernos, lo peor que podemos hacer es luchar contra ella o ignorarla

En su lugar, podemos preguntarnos: ¿qué necesita esta parte para sentirse segura y acompañada?

Escuchar con curiosidad: En lugar de rechazar los pensamientos de duda, podemos preguntarnos qué está tratando de comunicar esta parte.

Validar la intención positiva: Reconocer que su función no es hacernos daño, sino protegernos. Darle un nuevo rol: Podemos transformar esta voz crítica en una voz de apoyo, que nos ayude a prepararnos sin paralizarnos.

Practicar la autocompasión: Permitirnos experimentar estas emociones sin que definan nuestra identidad.

En terapia, solemos usar nombres como «Pánfilo», «Gollum» o «Úrsula» para desdramatizar su presencia y reconocerla con humor y distancia. Nombrarla nos ayuda a verla como una parte de nuestra mente y no como una verdad absoluta sobre quiénes somos.

Estrategias prácticas para gestionar esta experiencia.

Al comprender y resignificar esta experiencia, podemos transformar la sensación de «impostor» en una oportunidad de crecimiento y autocomprensión.

Observar el pensamiento sin reaccionar

En lugar de tratar de eliminar los pensamientos de duda, podemos observarlos como si fueran nubes pasando por el cielo.

Escribir la creencia subyacente

Cada vez que surja la sensación de "impostor", escribir qué pensamiento la sostiene. ¿Es una creencia sobre la perfección? ¿Sobre el miedo al fracaso?

Ejercicio de reescritura

Tomar esa creencia y reformularla desde una perspectiva más flexible. Por ejemplo, cambiar "Si fallo, demostraré que no soy suficiente" por "Los errores son oportunidades para aprender".

Exposición gradual

Identificar pequeñas acciones que nos generen inseguridad y realizarlas sin buscar la validación externa inmediata.

Cartas de autocomprensión

Escribir una carta a uno mismo desde la perspectiva de alguien que nos ama incondicionalmente, recordando que somos más que nuestras dudas y errores.

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