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Cultura organizacional inclusiva y Trastorno del Espectro Autista

“Que nadie quede fuera: construyamos juntos un espacio laboral que abrace la neurodiversidad” Cultura organizacional inclusiva y Trastorno del Espectro Autista Al inicio de mi carrera como psicóloga trabajé en procesos de inclusión laboral para personas con discapacidad. Esa experiencia despertó un profundo compromiso que conservo hasta hoy: facilitar apoyos reales para que empresas y personas puedan construir entornos laborales verdaderamente inclusivos.(Evelyn) “No quiero que me den un trato especial, solo que se den cuenta de que mi forma de hacer las cosas no es un error, es simplemente diferente.” — Luis, adulto diagnosticado con TEA a los 29 años Beneficios de incluir personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) en el lugar de trabajo. Alta capacidad de concentración y atención al detalle Pensamiento lógico, metódico y estructurado Compromiso y constancia en tareas repetitivas Honestidad e integridad laboral Aporte de soluciones creativas desde una perspectiva distinta Mejora del clima laboral al fomentar la empatía, la paciencia y el respeto mutuo.  Las empresas que han incorporado prácticas inclusivas reportan mejoras en la productividad, la innovación y la cohesión de los equipos. Los colaboradores neurotípicos también se benefician de procesos más claros, canales de comunicación efectivos y un entorno más comprensivo y humano. Beneficios de incluir personas con TEA en el lugar de trabajo Independientemente del puesto o del nivel de autismo, existen estrategias generales de adaptación que han demostrado facilitar la integración y el desempeño laboral de personas con TEA. Muchas de estas “ajustes razonables” benefician no solo al empleado autista sino a la plantilla en general (principio de diseño universal). A continuación, se destacan recomendaciones clínicas y laborales respaldadas por expertos: Proceso de selección inclusivo: Adaptar las entrevistas y evaluaciones para que midan el talento real y no eliminen candidatos por sus dificultades sociales. Por ejemplo, extender el tiempo de entrevista y proporcionar las preguntas por adelantado, para reducir la ansiedad y permitir respuestas más precisas. También se puede ofrecer la opción de responder por escrito o mediante demostraciones prácticas en lugar de preguntas orales.  Grandes empresas como Google han implementado estas medidas en su programa de contratación de personas con autismo (entrevistadores entrenados en TEA, entrevistas más estructuradas y predecibles). Asimismo, informar claramente al candidato de cada paso del proceso de selección y qué se espera de él, evitando sorpresas, ayuda a que muestre su potencial real. Claridad en las tareas y comunicación: Una vez contratado, el empleador debe proveer instrucciones claras, concretas y sin ambigüedades. Conviene asignar objetivos bien definidos y fechas límite explícitas, evitando la comunicación implícita o “entre líneas” . Muchos empleados con TEA rinden mejor con rutinas predecibles; por ello, estructurar el día a día (por ejemplo, horarios fijos, checklist de tareas) les proporciona seguridad. Si es posible, entregar las instrucciones también por escrito o con apoyos visuales (diagramas, ejemplos) complementa la comunicación verbal y reduce malentendidos. La retroalimentación directa y honesta por parte de los supervisores es crucial: elogiar sus contribuciones específicas y señalar áreas de mejora de forma específica (evitando críticas vagas) les ayuda a ajustarse a las expectativas. Adecuaciones sensoriales y ambientales: Muchas personas con TEA son hipersensibles a estímulos como el ruido, la iluminación o la multitud. Pequeños cambios en el entorno pueden marcar gran diferencia. Por ejemplo, proporcionar un espacio de trabajo tranquilo o permitir el uso de auriculares con cancelación de ruido puede mejorar enormemente su concentración. Evitar luces fluorescentes parpadeantes (o reemplazarlas por luz natural o LED estable) reduce la sobrecarga sensorial. Si la oficina es de planta abierta ruidosa, se puede habilitar un cubículo o rincón menos concurrido para el empleado con TEA, o brindarle la opción de hacer teletrabajo ciertos días si eso aumenta su comodidad. También es útil establecer “espacios de calma” o permitir pequeños recesos donde la persona pueda retirarse momentáneamente si siente ansiedad sensorial, retomando luego su actividad con más tranquilidad. Apoyos sociales y culturales en la empresa: Fomentar una cultura organizacional neuro-inclusiva. Esto implica formar a los compañeros de trabajo y mandos medios sobre el autismo, derribando estereotipos y promoviendo la empatía. Por ejemplo, realizar talleres breves de sensibilización para el personal sobre las características del TEA (explicar por qué su colega tal vez no socializa en las pausas o tiene hábitos particulares) puede crear un ambiente de respeto y aceptación. Varios programas exitosos asignan un mentor o “buddy” al empleado con TEA: un compañero dispuesto a orientarlo en las normas no escritas de la oficina, responder preguntas cotidianas y ofrecer apoyo informal en la integración social. Desde la gestión, es recomendable que los supervisores actúen en parte como coaches: que brinden guía adicional al empleado con TEA, monitoreen su carga de trabajo para evitar sobreestrés, y estén disponibles para resolver dudas de forma paciente. Estas “prácticas de apoyo natural” suelen ser más sostenibles que depender indefinidamente de un especialista externo, y benefician a todo el equipo al cultivar liderazgo inclusivo Ajustes en las políticas y horarios: Ser flexible en ciertas normas puede constituir un ajuste razonable sin costo significativo. Por ejemplo, permitir un horario ligeramente adaptado (entradas o salidas escalonadas) si la persona tiene dificultades con el transporte en horas pico o necesita una rutina específica. Igualmente, tolerar que el empleado use estrategias autocalmantes discretas (como tener un objeto anti-estrés en el escritorio, hacer stimming leve) siempre que no afecte el rendimiento, en vez de prohibirlas, ayudará a que maneje su ansiedad. También, definir claramente las expectativas de vestimenta, breaks, etc., para que no tenga que adivinar reglas informales. Si existen políticas de rotación de puesto o tareas, planificar con anticipación cómo afectarán al empleado con TEA y comunicarlo con suficiente antelación, preparando una transición estructurada. Tecnología asistiva y herramientas organizativas: Aprovechar dispositivos y software para apoyar al trabajador. Aplicaciones de gestión de tiempo y tareas (calendarios electrónicos con alarmas, listas digitales), recordatorios visuales y temporizadores pueden ayudar con las funciones ejecutivas (organización, iniciación de tareas). Algunas personas con TEA usan aplicaciones específicas para practicar habilidades sociales o recordar protocolos laborales. Incluir estos apoyos tecnológicos personalizados puede aumentar su autonomía en

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Más allá del trauma: ¿Cómo diferenciamos el Trastorno de Estrés Postraumático del trauma complejo?

No todo trauma es igual: diferencias esenciales entre TEPT y trauma complejo. No todo trauma es igual. Mientras que el TEPT surge de eventos traumáticos puntuales, el trauma complejo deja huellas más profundas en la identidad, las emociones y las relaciones. Conocer sus diferencias es clave para un tratamiento efectivo. Descubre en este artículo cómo abordarlos desde la evidencia clínica y la adaptación terapéutica. Trastorno de Estrés Postraumático Trauma Complejo Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se clasifica dentro de los trastornos relacionados con traumas y factores de estrés en el DSM-5. Se desarrolla después de la exposición a un evento traumático que implica una amenaza real o percibida de muerte, lesiones graves o violencia sexual, ya sea directamente experimentado, presenciado o sufrido por un ser querido. Trauma Complejo Aunque el DSM-5 no reconoce formalmente el trauma complejo como un diagnóstico independiente, sí reconoce que algunos pacientes con TEPT presentan síntomas adicionales que afectan la identidad, las relaciones y la regulación emocional. El CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS) introduce el diagnóstico de Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), diferenciándolo del TEPT estándar.   El trauma puede manifestarse de diversas maneras y afectar a las personas de formas únicas. No todo trauma es igual, y comprender sus diferencias es clave para brindar un tratamiento adecuado y efectivo. El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) y el trauma complejo, aunque comparten ciertas similitudes, tienen orígenes, síntomas y abordajes terapéuticos distintos. El TEPT surge tras un evento traumático puntual y se caracteriza por reexperimentación, evitación e hiperactivación. En cambio, el trauma complejo se origina en experiencias prolongadas de abuso o negligencia, afectando la identidad, las relaciones y la regulación emocional. El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es un diagnóstico que surge tras la exposición a un evento traumático extremo, como accidentes, violencia o desastres naturales. Se caracteriza por síntomas como reviviscencias, evitación, alteraciones en la cognición y el estado de ánimo, y una activación fisiológica elevada. Por otro lado, el trauma complejo se refiere a experiencias traumáticas prolongadas y repetidas, generalmente en el contexto de relaciones interpersonales abusivas (maltrato infantil, violencia doméstica, explotación, etc.). A diferencia del TEPT, el trauma complejo afecta la identidad, la regulación emocional, las relaciones interpersonales y la percepción del mundo. Diferencias clave entre TEPT y trauma complejo Origen y Duración: El TEPT suele desarrollarse a partir de un solo evento traumático, mientras que el trauma complejo surge de experiencias prolongadas de abuso o negligencia. Síntomas: Mientras que el TEPT se enfoca en la reexperimentación y la hiperactivación, el trauma complejo involucra dificultades en la regulación emocional, disociación, autoimagen negativa y problemas interpersonales. Impacto en la Personalidad: El trauma complejo puede generar alteraciones profundas en la identidad y la manera en que la persona percibe el mundo y las relaciones. Dificultades en el Tratamiento: El abordaje del trauma complejo es más extenso, ya que se necesita trabajar no solo con los síntomas del trauma, sino con patrones de apego disfuncionales, creencias nucleares dañadas y desregulación emocional crónica.   Diferencias en su abordaje El tratamiento del TEPT generalmente incluye técnicas de procesamiento del trauma, como la exposición prolongada o la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), con el objetivo de reducir los síntomas de reexperimentación y evitar la evitación del trauma. En el caso del trauma complejo, los protocolos de tratamiento deben adaptarse a las necesidades individuales del paciente, utilizando un juicio clínico basado en la evolución del proceso terapéutico. En muchas ocasiones, se requiere modificar o aplicar protocolos especializados en diferentes fases, asegurando que el paciente esté preparado para afrontar cada etapa sin riesgo de retraumatización. El trauma complejo requiere un enfoque más amplio y progresivo: Primera Fase Desarrollo de habilidades de regulación emocional y estabilización. Segunda Fase Procesamiento del trauma mediante enfoques como EMDR, Brainspotting o Terapia Cognitivo-Conductual centrada en el trauma. Esta fase puede variar, de acuerdo con el modelo terapéutico, por ejemplo en EMDR, la fase 2 implica la regulación emocional en caso de ser necesario. Tercera Fase Integración y reconstrucción de la identidad y las relaciones interpersonales. Desafíos para los terapeutas y la importancia de contar con diversas herramientas El tratamiento del trauma complejo presenta múltiples desafíos para los terapeutas. Algunos de los principales incluyen: Dificultades en la alianza terapéutica: Los pacientes con trauma complejo pueden presentar desconfianza extrema debido a experiencias previas de abuso y traición. Desregulación emocional severa: Es común encontrar una elevada reactividad emocional, lo que puede dificultar el progreso terapéutico si no se han trabajado estrategias de regulación previamente. Tendencias a la disociación: La presencia de estados disociativos puede interferir en el procesamiento del trauma, haciendo necesario ajustar las intervenciones para estabilizar al paciente antes de trabajar con recuerdos traumáticos. Impacto en el terapeuta: La exposición prolongada a historias de trauma puede generar fatiga por compasión o desgaste emocional, por lo que el autocuidado del terapeuta es esencial. Para abordar estos desafíos, es crucial que el terapeuta cuente con un amplio repertorio de herramientas terapéuticas y la flexibilidad para adaptar las intervenciones según el paciente. La combinación de enfoques como EMDR, Brainspotting, TDC, ACT y modelos específicos de procesamiento emocional permite un tratamiento más efectivo y ajustado a las necesidades individuales. El reto del trauma complejo y la importancia de un psicólogo clínico altamente formado en trauma El tratamiento del trauma complejo es desafiante debido a la profundidad del daño emocional y la alteración en la identidad. La intervención debe ser realizada por profesionales con formación especializada en trauma, pues requiere un abordaje multifacético y adaptado a las necesidades individuales. Contar con un terapeuta experto en trauma facilita la estabilidad emocional, la confianza en la terapia y el acceso a herramientas eficaces para el procesamiento del trauma. Recomendaciones para pacientes y personas en búsqueda de apoyo Busca un terapeuta especializado en trauma: No todos los profesionales están capacitados en trauma complejo, por lo que es clave encontrar a alguien con formación en enfoques como TCC, EMDR, TDC o Brainspotting. No te compares

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La culpa y su papel en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC)

La Culpa y su papel en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) La culpa es una de las emociones que más peso tienen en la vida de las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Puede convertirse en un motor que alimenta pensamientos intrusivos, llevándolas a realizar compulsiones para aliviar su angustia. Comprendiendo la culpa ¿Qué es la culpa? La culpa es una emoción compleja que surge cuando una persona percibe que ha hecho algo moralmente incorrecto o ha fallado en cumplir con ciertos estándares internos o sociales. Se diferencia de la vergüenza en que la culpa está más relacionada con acciones específicas, mientras que la vergüenza afecta la identidad de la persona. En el contexto del TOC, la culpa se intensifica debido a creencias disfuncionales y a una percepción exagerada de responsabilidad. Comprendiendo la culpa ¿Qué es la culpa? La culpa es una emoción compleja que surge cuando una persona percibe que ha hecho algo moralmente incorrecto o ha fallado en cumplir con ciertos estándares internos o sociales. Se diferencia de la vergüenza en que la culpa está más relacionada con acciones específicas, mientras que la vergüenza afecta la identidad de la persona. En el contexto del TOC, la culpa se intensifica debido a creencias disfuncionales y a una percepción exagerada de responsabilidad. Comprendiendo la culpa ¿Qué es la culpa? El peso de la culpa en las personas con TOC Las personas con TOC experimentan culpa de manera desproporcionada, ya que su mente suele interpretar pensamientos intrusivos como si fueran indicativos de su moralidad o intención real. Esto genera angustia y la necesidad de realizar compulsiones para aliviar la culpa. En muchos casos, la culpa se convierte en el motor principal de las obsesiones y compulsiones, haciendo que el ciclo del TOC sea más difícil de romper.Cómo se manifiesta la culpa en el TOC? La culpa en el TOC puede manifestarse de varias formas, dependiendo del subtipo de TOC que se presente. Algunas de las más comunes incluyen: TOC Religioso o Escrupulosidad: La persona siente culpa extrema por pensamientos que considera blasfemos o inmorales. TOC de Contaminación Moral: Surge el miedo de haber causado daño ético o moral a otros, incluso sin evidencia real de ello. TOC de Responsabilidad Excesiva: Sensación de ser responsable de cualquier daño que pueda ocurrir, lo que lleva a compulsiones como la verificación repetitiva. TOC Relacional: Culpa intensa por pensamientos intrusivos sobre la pareja o relaciones personales. ¿Cómo podemos identificar la culpa en el TOC?          Para identificar la culpa en el TOC, es importante prestar atención a ciertos patrones de pensamiento y comportamiento, como: Pensamientos recurrentes de haber cometido un error imperdonable. Necesidad constante de pedir disculpas o buscar confirmación en los demás. Angustia extrema ante pensamientos intrusivos que desafían las creencias morales de la persona. Realización de rituales para aliviar la sensación de culpa. Abordaje terapéutico de la culpa en el TOC El tratamiento de la culpa en el TOC se basa en enfoques terapéuticos específicos que ayudan a desafiar y modificar la relación disfuncional con esta emoción. Algunas estrategias efectivas incluyen: Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Identificación y reestructuración de creencias irracionales sobre la culpa y la responsabilidad. Exposición con Prevención de Respuesta (EPR): Exposición gradual a los pensamientos o situaciones temidas sin realizar compulsiones. Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): Aprender a aceptar la culpa como una emoción natural sin intentar evitarla. EMDR y Brainspotting: Enfoques que ayudan a reprocesar experiencias traumáticas que refuerzan la culpa disfuncional.   Recomendaciones Para quienes experimentan culpa como parte de su TOC, aquí algunas estrategias prácticas para manejarla: Reconoce la culpa sin juzgarla: Permítete sentirla sin etiquetarla como «buena» o «mala». Desafía pensamientos irracionales: Pregúntate si realmente eres responsable de lo que temes o si tu mente está exagerando la situación. Evita buscar constante confirmación: Pedir validación repetidamente refuerza el ciclo del TOC. Practica la autocompasión: Trátate con la misma amabilidad que ofrecerías a un amigo en una situación similar. Busca ayuda profesional: Un terapeuta puede ayudarte a gestionar la culpa de manera efectiva. La Técnica CxC Transforma tu relación con la culpa con curiosidad y compasión Cuando te descubras atrapado en la culpa o la autocrítica, intenta este cambio de enfoque: Cambia la Crítica por Curiosidad (CxC). La próxima vez que sientas una emoción difícil, en lugar de juzgarte, usa frases como: «Interesante. Aún me molesta cuando…» «Interesante. Me siento ansioso cuando…» «Interesante. Tengo miedo de…» Esto te permitirá explorar tus emociones en lugar de rechazarlas. En vez de castigarte por sentir, estarás escuchando lo que esas emociones intentan decirte. Si empiezas a ver tus emociones como mensajeras, en lugar de amenazas, descubrirás que tienen información valiosa para ti. No necesitas reprimirlas ni castigarte por sentirlas. Solo necesitas escucharlas con amabilidad. Cada vez que te descubras juzgándote por sentir algo, haz una pausa y di: «Interesante, aún me afecta esto». Notarás cómo cambia la forma en que experimentas tus emociones. No está mal sentirte mal. Lo que está mal es creer que está mal sentirte mal. ¿Te animas a intentarlo? Cuéntanos en los comentarios cómo cambia tu relación con tus emociones cuando dejas de criticarlas y comienzas a explorarlas con curiosidad.

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Miedo a la muerte: cuando el pensamiento intrusivo domina la mente

Cuándo es miedo y cuándo es TOC de miedo a la muerte Miedo a la muerte: cuando el pensamiento intrusivo domina la mente. El miedo a la muerte suele relacionarse con el miedo a no ser importante, a no dejar huella, a qie la vida no tenga un impacto.  El miedo a la muerte es una de las preocupaciones más universales del ser humano. Para algunas personas, este temor puede volverse abrumador, manifestándose en pensamientos intrusivos, sensaciones físicas intensas y una ansiedad constante que interfiere con su vida diaria. En este artículo exploraremos sus causas, cómo diferenciarlo de otras condiciones y las mejores estrategias para afrontarlo desde una perspectiva terapéutica.  ¿Qué es el miedo a la muerte? El miedo a la muerte, también conocido como tanatofobia, es una ansiedad intensa y persistente relacionada con la idea de la propia muerte o la de seres queridos. Es una preocupación común en los seres humanos, pero en algunos casos puede convertirse en un pensamiento intrusivo que interfiere con la vida diaria. Este miedo puede estar presente en diferentes momentos de la vida y suele estar vinculado con la incertidumbre, la pérdida de control y la falta de sentido existencial. ¿Cuáles son las causas del miedo a la muerte? Es importante diferenciar el miedo a la muerte de otras condiciones médicas y psicológicas. Algunas personas pueden confundir sus síntomas con trastornos de ansiedad, ataques de pánico o incluso problemas cardíacos. Por ello, una valoración médica es fundamental para descartar afecciones físicas antes de asumir que el origen es psicológico. Asimismo, el acompañamiento psicológico permite identificar si el miedo a la muerte está asociado a un trastorno de ansiedad, un TOC o una crisis existencial.Las causas pueden ser diversas y están influenciadas por factores psicológicos, biológicos y sociales. Algunas de las razones más comunes incluyen: Experiencias traumáticas previas, como la pérdida de un ser querido o enfermedades graves. Pensamiento catastrofista, donde la mente imagina constantemente escenarios de muerte. Influencias culturales y religiosas, que pueden generar temor o culpa en relación con el más allá. Ansiedad generalizada, que incrementa la preocupación por la muerte. Hipocondría o ansiedad por la salud, donde cualquier síntoma es interpretado como un signo de enfermedad mortal.   TOC de miedo a la muerte: cuando la obsesión toma el control Algunas personas experimentan sensaciones físicas intensas, como opresión en el pecho, taquicardia o dificultad para respirar, que pueden ser interpretadas como señales de que van a morir en ese momento. Estos síntomas pueden intensificar los pensamientos intrusivos y reforzar la sensación de peligro inminente, aumentando la ansiedad y la necesidad de realizar compulsiones para intentar controlarlo. A continuación, algunas frases típicas que las personas con este miedo pueden decir o pensar: «Siento que en cualquier momento voy a dejar de respirar.» «Mi corazón está latiendo muy rápido, seguro es un infarto.» «¿Y si me desmayo y no despierto?» «Creo que tengo una enfermedad mortal y aún no lo sé.» «Si sigo sintiéndome así, algo malo me va a pasar.» «No puedo dejar de pensar en lo que pasará cuando muera.» «Cada vez que tengo esta sensación, siento que el final está cerca.» El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) de miedo a la muerte es una condición en la que los pensamientos sobre la muerte se vuelven obsesivos e incontrolables. Este miedo puede ser impulsado por emociones como la ansiedad, la culpa o la vergüenza, que refuerzan los pensamientos intrusivos y llevan a la persona a desarrollar compulsiones para intentar controlarlos. Algunas personas experimentan sensaciones físicas intensas, como opresión en el pecho, taquicardia o dificultad para respirar, que pueden ser interpretadas como señales de que van a morir en ese momento. Estos síntomas pueden intensificar los pensamientos intrusivos y reforzar la sensación de peligro inminente, aumentando la ansiedad y la necesidad de realizar compulsiones para intentar controlarlo. El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) de miedo a la muerte es una condición en la que los pensamientos sobre la muerte se vuelven obsesivos e incontrolables. Este miedo puede ser impulsado por emociones como la ansiedad, la culpa o la vergüenza, que refuerzan los pensamientos intrusivos y llevan a la persona a desarrollar compulsiones para intentar controlarlos. Las personas con este tipo de TOC pueden: Tener pensamientos recurrentes e intrusivos sobre su propia muerte o la de seres queridos. Realizar compulsiones para intentar neutralizar esos pensamientos (repetir frases, buscar información sobre longevidad, evitar conversaciones sobre la muerte, etc.). Experimentar ansiedad intensa y evitación de cualquier situación que les recuerde la mortalidad. El tratamiento de emociones como el pánico, la ansiedad, la rabia, la culpa y la vergüenza puede ayudar a comprender cómo estas emociones intensifican la sensación de peligro asociada a la muerte y cómo el miedo puede convertirse en un patrón repetitivo difícil de romper.     El papel de la evitación y el control en el mantenimiento del miedo La evitación es una estrategia común en las personas que temen a la muerte. Se evita hablar del tema, leer noticias relacionadas con enfermedades o accidentes, e incluso pensar en la propia finitud. Sin embargo, esta estrategia refuerza el miedo a largo plazo, ya que impide la habituación a la idea de la mortalidad. Por otro lado, el intento de control es otro factor clave. Algunas personas desarrollan rituales o comportamientos compulsivos para sentirse seguras (revisar constantemente su salud, realizar chequeos médicos innecesarios, entre otros). Sin embargo, esto solo alimenta la ansiedad y refuerza el ciclo del miedo. La sensación de pérdida de control sobre la vida y la incertidumbre del futuro pueden estar vinculadas con emociones de pánico y ansiedad, que retroalimentan la obsesión por la muerte.     El miedo a la muerte puede estar arraigado en factores psicológicos profundos, como: Causas profundas y factores psicológicos involucrados La culpa y la vergüenza también pueden desempeñar un papel importante en el miedo a la muerte. La culpa por no haber aprovechado el tiempo suficiente o la vergüenza de no haber alcanzado ciertos logros pueden hacer que la idea de la muerte se convierta en un

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¿Cómo controlar la ira y la agresividad? Técnicas efectivas para calmar el enojo y evitar explosiones emocionales.

Cómo controlar la ira y la agresividad: técnicas efectivas para calmar el enojo y evitar explosiones emocionales. ¿Qué es la rabia como emoción? La rabia es una respuesta emocional intensa que surge como un mecanismo de defensa ante una amenaza, injusticia o frustración. No es en sí misma negativa, sino que cumple una función adaptativa al proporcionar energía y determinación para enfrentar situaciones adversas. Sin embargo, cuando no se regula adecuadamente, puede convertirse en una respuesta disfuncional que afecta la salud mental y las relaciones interpersonales. Desde una visión profunda, la rabia puede estar influenciada por aprendizajes tempranos, experiencias de vida y patrones emocionales arraigados. Comprenderla implica analizar no solo su expresión externa, sino también sus causas subyacentes y las necesidades emocionales no atendidas que la activan. Un aspecto importante a cuestionar es cómo me relaciono con el enojo. Muchas veces, la lucha constante contra la rabia o el intento excesivo de controlarla impiden que exploremos las emociones subyacentes o las necesidades insatisfechas que están en la raíz de esta emoción. Si percibo la ira como algo negativo o inaceptable, es probable que no me permita procesarla de manera saludable y que termine manifestándose en conductas agresivas o en una represión emocional dañina. https://www.youtube.com/watch?v=rSB9s9BLffI&t=138s ¿Cómo calmar la ira y la rabia? La ira y la rabia son respuestas emocionales que surgen ante una sensación de amenaza, injusticia o frustración. Desde una perspectiva profunda, la rabia no es solo una reacción inmediata, sino una construcción emocional que puede estar enraizada en experiencias pasadas, aprendizajes tempranos y vulnerabilidades psicológicas. Algunos pasos clave para calmar la rabia incluyen: Identificación del estímulo activador: Reconocer qué estímulos internos o externos desencadenan la rabia es esencial para abordarla. Reconocimiento corporal y emocional: La rabia se manifiesta con tensión muscular, taquicardia y una sensación de urgencia. Aprender a detectarla temprano permite aplicar estrategias de regulación. Desactivación fisiológica: La respiración diafragmática y el anclaje sensorial ayudan a reducir la activación y evitar respuestas impulsivas. Reprocesamiento emocional: Explorar la historia emocional de la rabia y sus asociaciones puede ayudar a resignificarla y canalizarla de manera funcional. El proceso terapéutico desempeña un papel fundamental en este reprocesamiento, ya que proporciona un espacio seguro para identificar los patrones emocionales y cognitivos que sostienen la ira. A través de enfoques como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), la Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) o el EMDR, las personas pueden trabajar en la reestructuración de pensamientos disfuncionales, la validación de sus experiencias y la integración de nuevas estrategias de afrontamiento. La terapia ayuda a abordar las heridas emocionales que pueden estar reforzando la rabia, promoviendo una mayor autoconciencia y regulación emocional. Factores asociados al manejo de la Ira. El desarrollo de problemas en la gestión de la ira puede estar influenciado por diversos factores: Entorno y aprendizaje: Las personas que crecen en ambientes violentos suelen replicar patrones de agresión física y verbal como forma aprendida de expresión emocional. Factores genéticos: Aunque algunos estudios sugieren una predisposición hereditaria a la ira, no existe consenso científico absoluto. Sin embargo, la imitación de modelos parentales violentos puede reforzar este comportamiento. Funcionamiento cerebral: Se ha planteado que las personas con tendencia a la ira presentan diferencias en la actividad cerebral en comparación con otras personas. Trastornos de salud mental: La dificultad en el control de la ira puede estar vinculada a trastornos como el Trastorno Límite de la Personalidad, Trastorno de Personalidad Antisocial, TDAH o Trastorno Explosivo Intermitente, entre otros. ¿Qué hay detrás del enojo? La rabia no es una emoción aislada, sino una capa protectora que oculta emociones más profundas. En muchas ocasiones, lo que subyace detrás de la ira es: Miedo: Temor a la pérdida de control, al rechazo o al abandono. Frustración: Sensación de impotencia ante situaciones que se perciben como injustas o irresolubles. Vergüenza y culpa: Muchas veces la ira se presenta como un mecanismo de defensa ante emociones de vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, entender la rabia como un reflejo de heridas emocionales permite trabajar en su regulación desde la comprensión y la aceptación. ¿Cuándo el enojo requiere atención psicológica? La ira es una respuesta emocional natural y adaptativa ante diversas situaciones. No obstante, cuando se manifiesta de manera desproporcionada, intensa o frecuente, puede ser un indicador de alteraciones en la salud mental que requieren intervención profesional. Identificar y abordar sus causas subyacentes es fundamental para su adecuada gestión y tratamiento. Las dificultades en el manejo de la ira pueden contribuir al desarrollo de afecciones tanto físicas como psicológicas, impactando negativamente en la calidad de vida. Por ello, si se experimentan episodios recurrentes de enojo o irritabilidad, es recomendable buscar atención psicológica especializada para comprender sus orígenes y aplicar estrategias terapéuticas que permitan un manejo saludable de esta emoción. Manifestaciones Fisiológicas y Cognitivas de la Ira Elevación de la temperatura corporal, acompañada de una sensación intensa de calor, especialmente en el rostro. Incremento de la presión arterial y aceleración del ritmo cardíaco, reflejando una activación del sistema nervioso. Tensión muscular excesiva, particularmente en áreas como los dedos, la mandíbula, las piernas y el cuello. Llanto incontrolable, como expresión de una respuesta emocional intensa. Presencia de temblores involuntarios, producto de la acumulación de tensión en distintas partes del cuerpo. Alteraciones en la respiración, manifestadas como hiperventilación o sensación de ahogo. Dificultad para regular la emoción y el pensamiento, generando una fijación en ideas perturbadoras que impiden la desconexión del malestar. Estrategias para controlar la ira El control de la ira no debe basarse en la represión, sino en el procesamiento y la transformación de la emoción. Algunas estrategias efectivas incluyen: Exploración de la narrativa interna: Preguntarse «¿Qué historia me estoy contando sobre esta situación?» ayuda a modificar interpretaciones automáticas. Reconexión con la vulnerabilidad subyacente: En lugar de centrarse en la expresión agresiva, trabajar en el diálogo interno sobre las emociones subyacentes. Transformación de la energía emocional: Canalizar la rabia a través del ejercicio, el arte o la escritura permite convertirla en algo constructivo. Desarrollo de estrategias de resolución de conflictos: La comunicación asertiva y

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Afrontamiento efectivo de la ansiedad: vence el miedo desde la raíz, no desde el control.

aNSIEDAD Afrontamiento efectivo de la ansiedad: vence el miedo desde la raíz, no desde el control. ¿Cómo afrontar la ansiedad de forma efectiva? Lo primero es reconocer que la ansiedad es una experiencia universal, pero cuando se convierte en un obstáculo constante en la vida diaria, muchas personas intentan controlarla a toda costa. Paradójicamente, este esfuerzo suele agravar el problema. En este artículo, exploraremos una manera diferente de afrontar la ansiedad: en lugar de luchar contra sus síntomas, aprenderemos a comprender su raíz y a desarrollar seguridad en nuestras habilidades. Descubrirás estrategias basadas en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) y otras perspectivas innovadoras que te ayudarán a cambiar tu relación con la ansiedad. El verdadero enemigo: miedo a la ansiedad y sus síntomas La ansiedad, en sí misma, no es el problema. El verdadero conflicto surge cuando comenzamos a temer sus síntomas. La taquicardia, la sensación de ahogo o los pensamientos intrusivos no son señales de peligro real, sino respuestas naturales de nuestro cuerpo. Sin embargo, la interpretación catastrófica de estos síntomas crea un ciclo de miedo que intensifica la ansiedad. La clave está en comprender que la ansiedad no es peligrosa y que su propósito es protegernos, no dañarnos. Falsa seguridad: estrategias de control que te atrapan Para reducir la ansiedad, muchas personas recurren a estrategias de control: evitar ciertas situaciones, respirar de una forma específica, buscar constantemente la aprobación de otros o intentar pensar “positivo” en todo momento. Aunque estas tácticas pueden aliviar momentáneamente el malestar, a largo plazo refuerzan la idea de que la ansiedad es algo que debe ser evitado a toda costa. Esto solo perpetúa el ciclo del miedo. La Trampa del Control: Metáfora de las Arenas Movedizas Imagina que caes en arenas movedizas. Lo instintivo sería luchar y moverte con desesperación para salir, pero eso solo haría que te hundieras más. La ansiedad funciona de la misma manera: cuanto más intentas controlarla, más poder le das. En lugar de luchar contra ella, el camino es aprender a soltar y cambiar el enfoque hacia lo que realmente nos perturba. La Ilusión de Control y la Pérdida de Seguridad Muchas personas creen que perder el control significa estar en peligro. Sin embargo, la seguridad no proviene de tenerlo todo bajo control, sino de desarrollar la confianza en nuestras habilidades para afrontar cualquier desafío. La verdadera seguridad no se encuentra en la ausencia de miedo, sino en la certeza de que podemos gestionar lo que venga.Aceptar la incertidumbre es uno de los desafíos más grandes en el afrontamiento de la ansiedad. En lugar de buscar garantías absolutas, podemos aprender a convivir con la duda y entrenarnos para responder con flexibilidad a lo inesperado. La práctica de la aceptación y el desarrollo de habilidades emocionales son claves para este proceso. ¿Cómo soltar el control y aceptar la incertidumbre? El trabajo en terapia. Aceptar la incertidumbre es uno de los desafíos más grandes en el afrontamiento de la ansiedad. En lugar de buscar garantías absolutas, podemos aprender a convivir con la duda y entrenarnos para responder con flexibilidad a lo inesperado. La práctica de la aceptación y el desarrollo de habilidades emocionales son claves para este proceso. La seguridad está en ti: deja de buscar respuestas fuera Si la ansiedad te hace buscar respuestas externas, la solución está en mirar hacia adentro. Construir confianza en uno mismo y en la capacidad de adaptación es lo que realmente proporciona seguridad. No se trata de eliminar el miedo, sino de aprender a enfrentarlo desde la resiliencia. La Ola No se Detiene, Pero Puedes Aprender a Surfear: Metáfora del Surfista y la Ansiedad. Un surfista no puede controlar el mar, pero sí puede entrenarse para montar las olas. De la misma manera, no podemos evitar todas las situaciones que nos generan ansiedad, pero sí podemos desarrollar herramientas para gestionarlas. En lugar de intentar detener la ansiedad, aprendamos a navegarla con confianza. Recomendaciones para afrontar la ansiedad sin luchar contra ella Cambia la perspectiva: La ansiedad no es el problema, sino nuestra reacción ante ella. Enfócate en la amenaza percibida y no en sus síntomas. Deja de resistirte: En lugar de pelear con la ansiedad, acéptala y aprende a convivir con ella sin miedo. Desarrolla habilidades emocionales: La regulación emocional, la respiración consciente y la exposición gradual pueden ayudarte a enfrentar mejor los momentos de ansiedad. Construye confianza interna: La seguridad no está en controlar el entorno, sino en desarrollar la habilidad para responder con flexibilidad. Busca ayuda profesional: Terapias como la TCC, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y el EMDR pueden ser herramientas poderosas para cambiar la relación con la ansiedad. La ansiedad no desaparecerá por completo, pero al cambiar la forma en que la abordamos, podemos dejar de verla como un enemigo y convertirla en una oportunidad de crecimiento. ¿Listo para empezar a surfear las olas en lugar de luchar contra ellas?

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El mito del impostor: lo que realmente significa tu autocrítica

Comprendiendo lo que llamas «impostor» “El mito del impostor: lo que realmente significa tu autocrítica”. Reconciliándote contigo mismo. Lo que llamamos «síndrome del impostor» no es un defecto ni una trampa de la mente; es una parte de nosotros que busca protegernos. En lugar de combatirla, podemos aprender a entenderla y transformarla en una aliada. Descubre cómo resignificar esta experiencia y darle un nuevo sentido. La importancia de cambiarle el nombre: el estigma de llamarlo «impostor» El llamado «síndrome del impostor» es un término popularizado para describir la sensación de no ser suficientemente competente o de haber alcanzado el éxito por casualidad, en lugar de por nuestras propias habilidades. Sin embargo, este nombre refuerza la idea de que hay una parte de nosotros que es falsa, defectuosa o engañosa. Esto genera un conflicto interno que dificulta la autocomprensión y el desarrollo personal. En lugar de etiquetarlo como «impostor», podemos verlo como una respuesta natural de nuestro sistema de regulación emocional. Es una parte que busca protegernos del fracaso, el rechazo o la vergüenza, aunque lo haga de una manera poco adaptativa. Al cambiar nuestra perspectiva, evitamos autoestigmatizarnos y abrimos la puerta a una relación más compasiva con nosotros mismos. Lo que desea «el impostor»: el valor de esta parte interna En lugar de ver este fenómeno como un obstáculo, es importante preguntarnos: ¿cuál es la intención positiva detrás de esta sensación de duda y autoexigencia? La parte que llamamos «impostor» en realidad busca asegurarse de que estemos preparados, que cumplamos con ciertos estándares y que no nos expongamos a críticas o fracasos. Esta sensación tiene valor porque nos motiva a mejorar y a no dar por sentado nuestros logros. Sin embargo, cuando esta voz interna se vuelve demasiado crítica o inflexible, puede paralizarnos o generarnos angustia. La clave no es eliminarla, sino entender su función y aprender a regular su influencia en nuestras vidas. ¿Qué necesita esta parte de nosotros? Cómo atenderla de manera saludable Si esta parte de nosotros está intentando protegernos, lo peor que podemos hacer es luchar contra ella o ignorarla. En su lugar, podemos preguntarnos: ¿qué necesita esta parte para sentirse segura y acompañada? Algunas estrategias incluyen: Escuchar con curiosidad: En lugar de rechazar los pensamientos de duda, podemos preguntarnos qué está tratando de comunicar esta parte. Validar la intención positiva: Reconocer que su función no es hacernos daño, sino protegernos. Darle un nuevo rol: Podemos transformar esta voz crítica en una voz de apoyo, que nos ayude a prepararnos sin paralizarnos. ¿De dónde viene este nombre? Una revisión de su origen El término «síndrome del impostor» fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, quienes lo identificaron en mujeres de alto rendimiento que sentían que su éxito no era merecido. Con el tiempo, se expandió a diversos grupos y contextos, convirtiéndose en un fenómeno ampliamente discutido en el ámbito psicológico y laboral. Sin embargo, el nombre «impostor» refuerza la idea de que hay algo fraudulento en la persona, en lugar de reconocer que se trata de una respuesta emocional comprensible basada en experiencias tempranas y creencias internalizadas. Creencias y experiencias tempranas: la construcción de la autoexigencia La sensación de ser un «impostor» muchas veces se arraiga en creencias formadas durante la infancia. Mensajes como «tienes que ser el mejor», «no cometas errores» o «si fallas, decepcionas a los demás» crean una presión interna que persiste en la adultez. Estas creencias suelen provenir de: Modelos parentales exigentes o críticos. Experiencias de rechazo o crítica en la infancia. Un sistema de comparación constante con otros. Sociedades que sobrevaloran el éxito y minimizan el error. Cuando comprendemos de dónde vienen estas creencias, podemos comenzar a cuestionarlas y reformular nuestra narrativa interna. ¿Qué necesita esta parte de nosotros? Cómo atenderla de manera saludable Si esta parte de nosotros está intentando protegernos, lo peor que podemos hacer es luchar contra ella o ignorarla En su lugar, podemos preguntarnos: ¿qué necesita esta parte para sentirse segura y acompañada? Escuchar con curiosidad: En lugar de rechazar los pensamientos de duda, podemos preguntarnos qué está tratando de comunicar esta parte. Validar la intención positiva: Reconocer que su función no es hacernos daño, sino protegernos. Darle un nuevo rol: Podemos transformar esta voz crítica en una voz de apoyo, que nos ayude a prepararnos sin paralizarnos. Practicar la autocompasión: Permitirnos experimentar estas emociones sin que definan nuestra identidad. En terapia, solemos usar nombres como «Pánfilo», «Gollum» o «Úrsula» para desdramatizar su presencia y reconocerla con humor y distancia. Nombrarla nos ayuda a verla como una parte de nuestra mente y no como una verdad absoluta sobre quiénes somos. Estrategias prácticas para gestionar esta experiencia. Al comprender y resignificar esta experiencia, podemos transformar la sensación de «impostor» en una oportunidad de crecimiento y autocomprensión. Observar el pensamiento sin reaccionar En lugar de tratar de eliminar los pensamientos de duda, podemos observarlos como si fueran nubes pasando por el cielo. Escribir la creencia subyacente Cada vez que surja la sensación de «impostor», escribir qué pensamiento la sostiene. ¿Es una creencia sobre la perfección? ¿Sobre el miedo al fracaso? Ejercicio de reescritura Tomar esa creencia y reformularla desde una perspectiva más flexible. Por ejemplo, cambiar «Si fallo, demostraré que no soy suficiente» por «Los errores son oportunidades para aprender». Exposición gradual Identificar pequeñas acciones que nos generen inseguridad y realizarlas sin buscar la validación externa inmediata. Cartas de autocomprensión Escribir una carta a uno mismo desde la perspectiva de alguien que nos ama incondicionalmente, recordando que somos más que nuestras dudas y errores.

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Más allá del reloj: la importancia de cerrar bien tu sesión de terapia.

Más allá del reloj: la importancia de cerrar bien tu sesión de terapia. Psicóloga Evelyn Zúñiga ¡Toma tiempo para lo importante: tu mismo! La terapia es un espacio de encuentro con uno mismo, donde el tiempo es un recurso valioso, pero no debe convertirse en lo más importante. Muchas veces, al final de una sesión, las personas sienten que no alcanzaron a procesar todo lo necesario o que debían salir de terapia más reguladas. Esto puede generar frustración y ansiedad, afectando la efectividad del proceso. Este artículo explora la importancia de gestionar el tiempo en terapia sin que se convierta en una limitación. Hablaremos de la necesidad de cerrar cada sesión con estabilidad emocional y de cómo se pueden evitar las sensaciones de prisa o incompletitud. La terapia no se trata solo de ajustarse a un horario; se trata de darte el valor y la tranquilidad que mereces en cada sesión. «Llego temprano, pero me pongo ansioso esperando mi turno» El tiempo de espera antes de ingresar a la sesión puede influir en la disposición del paciente para el trabajo terapéutico. Algunas personas pueden llegar con anticipación y aprovechar ese momento para relajarse y prepararse mentalmente, mientras que otras pueden experimentar ansiedad o distracciones que afectan su concentración. La actitud con la que una persona ingresa a terapia puede impactar su capacidad de aprovechar la sesión al máximo. «Solo tengo una hora de sesión y a veces siento que no es suficiente» El tiempo de una sesión psicológica suele estar definido por un estándar profesional de aproximadamente una hora. Esta estructura es necesaria para la organización del trabajo terapéutico, la planificación del profesional y la gestión de otros pacientes. Sin embargo, este límite puede presentar retos cuando el proceso emocional de la persona requiere más tiempo para alcanzar una sensación de estabilidad antes de salir de la consulta. En ocasiones, el tiempo disponible puede no ser suficiente para procesar y resignificar completamente lo trabajado en la sesión. «Programé una cita dental justo después de esta, tengo 10 minutos para desplazarme hasta allá» El tiempo en consulta es un espacio donde la persona puede explorar sus emociones, pensamientos y dificultades. Sin embargo, es frecuente que los pacientes tengan agendas ocupadas y, una vez terminada la sesión, deban reincorporarse a sus responsabilidades diarias. Este ritmo de vida puede generar una sensación de prisa o de falta de tiempo para procesar lo trabajado en terapia, lo que podría llevar a la frustración o a una sensación de inacabado.   «A veces siento que tomarme una hora para mí es un lujo» La sociedad actual tiende a valorar la rapidez y la productividad, lo que puede llevar a las personas a sentir culpa por dedicar tiempo a su bienestar emocional. En algunos casos, el asistir a terapia puede percibirse como una pérdida de tiempo si no se ven «resultados rápidos». Esta presión social puede hacer que el paciente minimice la importancia del trabajo emocional y se enfoque más en los tiempos establecidos que en su propio proceso de sanación. «Me siento mal cuando la sesión está terminando y no hemos acabado con el tema» Los terapeutas también enfrentan el desafío de gestionar el tiempo de manera equilibrada, asegurando que cada paciente reciba la atención adecuada sin comprometer su propio bienestar ni el de los siguientes consultantes. En algunos casos, cerrar una sesión cuando el paciente no está completamente regulado puede generar preocupación o malestar tanto en el profesional como en el paciente, ya que el tiempo parece insuficiente para abordar todo lo necesario. «Saliendo de terapia, a veces me siento revuelto y no sé qué hacer con lo que hablamos» Cuando una sesión está por terminar y la persona no ha alcanzado una regulación emocional adecuada, puede experimentar malestar o confusión después de salir de la consulta. Esto es especialmente relevante en sesiones donde se han trabajado temas intensos o traumáticos. La regulación emocional es un aspecto fundamental para asegurar que el paciente pueda continuar con su día sin sentirse desbordado por lo trabajado en terapia. «Llego a terapia con prisa y siento que no me concentro del todo» El proceso terapéutico es un espacio destinado al bienestar personal. Llegar con prisa o sin la disposición adecuada puede afectar la calidad del trabajo realizado en la sesión. Tomarse el tiempo necesario para asistir con calma y estar presente en el momento de la terapia permite un mejor aprovechamiento de cada encuentro. «Me hubiera gustado cerrar mejor la sesión, pero el tiempo se acabó» En algunas sesiones, no se logra un cierre emocional satisfactorio, y eso puede generar inquietud. Es importante entender que el proceso terapéutico es continuo y que algunas emociones o pensamientos pueden requerir más de una sesión para ser comprendidos y resignificados. Aceptar que no siempre se llega a una conclusión inmediata es clave para evitar frustraciones innecesarias. «Entiendo que alguien antes de mí necesitaba más tiempo para sentirse seguro» A veces, las sesiones pueden extenderse porque una persona necesitaba un tiempo adicional para regularse, resignificar lo que surgió en terapia o simplemente sentirse segura antes de salir. Es importante desarrollar empatía hacia estos momentos, ya que podría ser algo que nosotros mismos necesitemos en otro momento. La terapia es un espacio humano y flexible, donde el bienestar de cada persona es la prioridad. «No somos un cronómetro, estamos aquí para dar valor y validar emociones» Asiste con tiempo suficiente: Llegar con unos minutos de anticipación te ayudará a prepararte mentalmente y a aprovechar mejor la sesión. Usa el tiempo de espera de forma intencional: Si llegas antes de tu cita, intenta practicar la respiración consciente o realizar una actividad relajante para entrar en la sesión con mayor claridad mental. Planifica un espacio para procesar la sesión: Si es posible, evita programar actividades demandantes justo después de terapia. Dedica unos minutos para reflexionar sobre lo trabajado. Acepta que no todas las sesiones cerrarán con una solución inmediata: A veces, el proceso terapéutico requiere varias sesiones para abordar un tema en profundidad.

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¿Por qué ocultamos la información en terapia?

¿Por qué ocultamos información en terapia? En terapia, el miedo al juicio, la vergüenza o el temor a revivir emociones pueden llevarnos a ocultar información, afectando el proceso terapéutico.  Más allá de juzgarnos, entendernos… Causas, impacto y cómo los psicólogos pueden ayudarnos a superarlo Cuando una persona inicia un proceso terapéutico, espera encontrar un espacio seguro para hablar sobre sus pensamientos, emociones y experiencias. Sin embargo, muchas veces surge la tendencia a ocultar información. Ya sea por vergüenza, miedo o inseguridad, este fenómeno es más común de lo que parece y puede afectar el progreso de la terapia.  Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), se entiende que la información que ocultamos suele estar influenciada por pensamientos automáticos, creencias irracionales y emociones intensas como la vergüenza. En este artículo exploraremos por qué sucede esto, cómo impacta el proceso terapéutico y qué estrategias utiliza el terapeuta para abordarlo.  Creencias y causas más comunes Las razones por las que una persona decide no compartir cierta información en terapia suelen estar asociadas a creencias disfuncionales y estrategias de afrontamiento basadas en la evitación. Algunas de las más frecuentes incluyen: 🔹 Miedo al juicio del terapeuta: “Si le cuento esto, pensará que estoy loco/a.” 🔹 Creencias sobre lo que es importante compartir: “Esto no es relevante para la terapia.” 🔹 Temor a revivir emociones intensas: “Si hablo de esto, me sentiré peor.” 🔹 Vergüenza sobre la propia historia o pensamientos: “No quiero que nadie sepa esto de mí.”  La protección legal y ética del paciente Uno de los mayores temores de los pacientes es qué hará el terapeuta con la información que comparten. En este sentido, la confidencialidad es un pilar fundamental en la terapia psicológica. 🔹 ¿Qué es el secreto profesional? Garantiza que la información compartida en consulta no será divulgada sin el consentimiento del paciente. 🔹 ¿Cuándo hay excepciones? En casos de riesgo para la vida del paciente o de terceros, abuso infantil o situaciones legales específicas.  ¿Qué ocurre cuando ocultamos información? Impacto en el proceso terapéutico Cuando un paciente oculta información relevante, se generan barreras que afectan la efectividad del tratamiento: ❌ La terapia avanza a un ritmo más lento. ❌ Las estrategias pueden ser menos efectivas si la información no es completa. ❌ El paciente puede sentirse estancado o frustrado.  ¡No estás solo! La vergüenza y su impacto en el ocultamiento de información La vergüenza es una emoción central en el ocultamiento de información. Se asocia con creencias como: 🔹 “Si digo esto, no seré aceptado/a.” 🔹 “Esto demuestra que soy débil.” 🔹 “Es mejor mantenerlo en secreto para evitar el rechazo.” La vergüenza es una emoción compleja que puede hacer que una persona se sienta defectuosa, inadecuada o indigna de aceptación. Cuando experimentamos vergüenza, tendemos a escondernos y evitar mostrar ciertas partes de nosotros mismos, lo que incluye ocultar información en terapia.   En terapia, la verguenza la vemos de múltiples formas: 🔹 Pensamientos automáticos negativos → “Si le cuento esto a mi terapeuta, me verá como una mala persona.” 🔹 Sensación de ser inadecuado/a → “Nadie más debe saber lo que siento o pienso.” 🔹 Evitar ciertos temas sensibles → “Es mejor no hablar de esto para no revivir la emoción”, «Solo quiero sentirme bien, no quiero recordar cosas que fueron difíciles» 🔹 Ansiedad ante la posibilidad de ser juzgado/a → “Si hablo de esto, me mirará diferente.”    Ejemplo de verguenza Una persona con ansiedad social siente que debe «ser un buen paciente» y decir cosas inteligentes en terapia para impresionar a su terapeuta. Esto la lleva a ocultar sus pensamientos más irracionales por miedo a sonar «tonta».  «No necesitas filtrar lo que dices aquí. Lo importante no es si algo suena lógico o no, sino cómo te hace sentir.»  ¡No estás solo! ¿Cómo el terapeuta ayuda a regular la vergüenza del paciente?  Cuando un paciente experimenta vergüenza intensa en terapia, su sistema nervioso puede reaccionar como si estuviera ante una amenaza real. Esto puede provocar bloqueos emocionales, evitación o incluso la sensación de querer huir de la sesión. 📌 Aquí es donde el terapeuta juega un papel crucial: 🔹 Actúa como una figura reguladora que ayuda al paciente a sentirse seguro. 🔹 Refuerza la idea de que la terapia es un espacio libre de juicios. 🔹 Modela respuestas emocionales compasivas para que el paciente aprenda a tratase con más amabilidad. Cuando el paciente teme compartir información, lo que realmente necesita no es presión, sino una experiencia de acompañamiento y validación.  Cuando el terapeuta valida la emoción del paciente, se genera un efecto inmediato de seguridad y comprensión emocional. La validación no significa simplemente estar de acuerdo con lo que la persona siente, sino reconocer y aceptar su experiencia emocional sin juicio. Muchas veces, las personas han aprendido a reprimir o minimizar sus emociones debido a experiencias previas donde fueron ignoradas, ridiculizadas o juzgadas. En terapia, la validación actúa como un puente que permite que el paciente reconozca sus propias emociones sin culpa ni vergüenza, favoreciendo un espacio donde la expresión emocional se vuelve más accesible. Cuando la vergüenza es intensa, suele llevar al paciente a evitar compartir ciertos pensamientos o recuerdos, pues teme ser juzgado o que su terapeuta cambie su percepción sobre él. Sin embargo, cuando el terapeuta responde con validación, utilizando frases como «Tiene sentido que te sientas así», «Es comprensible que esto sea difícil para ti», o «No hay nada malo en experimentar esta emoción», el paciente comienza a replantearse la idea de que compartir sus emociones lo hará menos digno de aceptación. La vergüenza, que antes parecía abrumadora, pierde parte de su intensidad y permite que el paciente se abra de manera más progresiva. Este proceso da paso a la expresión emocional gradual. La validación es el primer paso para que el paciente se atreva a explorar sus emociones sin sentir que debe esconderse. En lugar de forzar la apertura inmediata, el terapeuta acompaña el ritmo del paciente, permitiéndole compartir solo lo que está listo para expresar. Algunas personas pueden empezar verbalizando su emoción de manera general, como «Me siento incómodo hablando de esto», mientras que otras pueden necesitar escribir primero lo que sienten antes de verbalizarlo. El terapeuta respeta y guía este proceso, asegurándose de que el paciente no se sienta abrumado, sino acompañado. A medida que el paciente experimenta estas interacciones seguras en terapia, comienza a integrar nuevas experiencias de confianza. Si en el pasado ha vivido rechazo, burla o incomprensión cuando expresó sus emociones, la terapia le permite experimentar lo contrario: ser

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Conexión y Bienestar ¡Bienvenido a mi blog! La psicología no es solo teoría; es una guía para comprendernos mejor y mejorar nuestra calidad de vida. Te invito a leer, reflexionar y compartir este espacio donde cada artículo es una oportunidad para aprender y crecer. Evelyn Zúñiga M, psicóloga clínica.  Bienvenido Psicología para la vida cotidiana Este es un lugar donde las experiencias, emociones y pensamientos encuentran un espacio para ser explorados con calma y profundidad. Un espacio reflexivo no busca respuestas inmediatas ni soluciones rápidas, sino que invita a la pausa, al autoconocimiento y a la comprensión de lo que vivimos en nuestra vida cotidiana. Order Now ¿Por qué ocultamos información en terapia? Causas, impacto y cómo los psicólogos pueden ayudarnos a superarlo . En terapia, el miedo al juicio, la vergüenza o el temor a revivir emociones pueden llevarnos a ocultar información, afectando el proceso terapéutico.  Leer más Más allá del reloj: la importancia de cerrar bien tu sesión de terapia. La terapia no es un cronómetro; es un espacio de validación y crecimiento emocional. Aunque las sesiones tienen tiempos establecidos, lo más importante es permitir que cada persona se regule y resignifique lo trabajado sin sentir presión.  Leer más El mito del impostor: lo que realmente significa tu autocrítica Lo que llamamos «síndrome del impostor» no es un defecto ni una trampa de la mente; es una parte de nosotros que busca protegernos. En lugar de combatirla, podemos aprender a entenderla y transformarla en una aliada. Descubre cómo resignificar esta experiencia y darle un nuevo sentido. Leer más Afrontamiento efectivo de la ansiedad: vence el miedo desde la raíz, no desde el control. En este artículo, exploraremos una manera diferente de afrontar la ansiedad: en lugar de luchar contra sus síntomas, aprenderemos a comprender su raíz y a desarrollar seguridad en nuestras habilidades.  Leer más Cómo controlar la ira y la agresividad: técnicas efectivas para calmar el enojo y evitar explosiones emocionales. ¿Te has sentido fuera de control cuando te enojas? ¿Te cuesta calmar la rabia sin reaccionar impulsivamente? En este artículo, descubrirás estrategias prácticas y basadas en la evidencia para regular la agresividad y encontrar un equilibrio emocional. Leer más Miedo a la muerte: cuando el pensamiento intrusivo domina la mente Si el miedo a la muerte te genera ansiedad constante y pensamientos intrusivos, este artículo te ayudará a comprender sus causas, diferenciarlo de otras condiciones y descubrir estrategias efectivas para manejarlo. ¡Atrévete a enfrentarlo y recuperar tu bienestar! Leer más La culpa y su papel en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) La culpa es una de las emociones que más peso tienen en la vida de las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Puede convertirse en un motor que alimenta pensamientos intrusivos, llevándolas a realizar compulsiones para aliviar su angustia. En este artículo, exploraremos su impacto, cómo identificarla y las mejores estrategias terapéuticas para abordarla. Leer más Más allá del trauma: ¿Cómo diferenciamos el Trastorno de Estrés Postraumático del trauma complejo? En este artículo, exploraremos las diferencias fundamentales entre el TEPT y el trauma complejo, cómo influyen en la vida de quienes los experimentan y qué herramientas terapéuticas basadas en evidencia pueden ayudar en el proceso de sanación. Leer más Cultura organizacional inclusiva y Trastorno del Espectro Autista La inclusión de personas con TEA en el trabajo no es solo un compromiso ético, es una oportunidad para fortalecer tu empresa. En este blog encontrarás claves prácticas para que líderes y equipos de RRHH impulsen entornos más humanos, diversos y productivos. Incluir es crecer. Leer más

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